Nueve cosas que probablemente no sabías sobre los autónomos y que te sorprenderán

Autónomos 2015 novedades

Pese a abundar en nuestras sociedades, la supervivencia para los autónomos no es una tarea sencilla. A continuación, algunos datos que probablemente desconozcas sobre ellos y ellas.

1. Lo que se creía un sacrificio primitivo, periódico y abominable, consagrado a alguna deidad cruel, es en realidad la cuota que pagan religiosamente mes a mes y que es parte esencial de su identidad.

2. Caprichosos por naturaleza, a los autónomos les gusta cobrar. Algunos van todavía más allá y se obcecan en querer cobrar a tiempo.

3. Aunque probablemente hayas oído lo contrario, los autónomos necesitan comer.

4. Habiendo perdido el pelaje que recubría sus cuerpos en estadios evolutivos anteriores, a la mayoría ahora no les queda más remedio que hacer uso de la calefacción en invierno, aunque las compañías eléctricas sigan manteniendo que esta es una creencia popular sin rigor científico. Este fenómeno afecta de igual manera a otros colectivos amenazados tales como parados de larga duración, inmigrantes ilegales o jóvenes recién licenciados, entre otras muchos.

5. No es cierto que los autónomos carezcan de patrones migratorios, pero son residuales, vestigios de épocas y vacaciones pretéritas que ya nadie recuerda.

6. Pese a que era una de las teorías con más peso para explicar finalmente el descanso de los autónomos, todavía no se ha podido demostrar que efectivamente sean capaces de dormir con un hemisferio del cerebro despierto, del mismo modo que los delfines o las ballenas. Los resultados de las últimas investigaciones apuntan a que más que dormir, los autónomos caen en letargos breves y poco profundos que les permiten atender una llamada con balbuceos más o menos comprensibles a cualquier hora del día o la noche.

7. El sistema inmunológico de los autónomos no es especialmente efectivo, ni su forma física envidiable. Sin embargo, parecen haber desarrollado cierto mecanismo de zombificación temporal único mediante el cual pueden seguir cumpliendo con sus obligaciones hasta reponerse de la enfermedad o la lesión.

8. Expertos en el comportamiento de los autónomos afirman que la ingesta compulsiva de café es un hábito desarrollado como consecuencia de un sistema de sueño práctico aunque ineficiente. Tampoco se descarta que pueda ser un catalizador del proceso descrito en el punto siete.

9. De seguir en las condiciones actuales, los autónomos están abocados a la extinción, pasando en un futuro próximo a compartir diorama en museos con el dodo o el gamusino.

La asombrosa aventura del Graf Zeppelin

Graf Zeppelin

Deutschland über alles! No ha habido máquinas más bellas que los dirigibles. Antes del Hindenburg, surcaban el cielo como brillantes ballenas de aluminio, incluso daban la vuelta al mundo, como se cuenta en esta novela de Macadán Libros de la que hablo en Cultur Plaza. Parece ficción steampunk, pero es todo real. Existieron, aunque ahora cueste imaginarlo. El Graf Zeppelin incluso dio la vuelta al mundo. Adjunto un fragmento del artículo, que puedes leer entero haciendo clic aquí.

‘Alemania parece una nación imposible de hundir del todo; aquellos que ven pasar la gigantesca nave no pueden más que reconocerlo con sus gritos de euforia. Ni siquiera una guerra devastadora y su posterior ruina. El poderío germano flota ahora sobre sus cabezas repleto de hidrógeno, Blaugas y orgullo. El Graf Zeppelin está intentando llevar a cabo el más difícil todavía: pretende dar la vuelta al mundo, realizar la primera circunnavegación aérea con una nave de pasajeros.

Pero no solo eso, además, va a batir otros récords, como ser protagonista de la primera travesía aérea del Pacífico. Hay una expectación enorme. El mundo tiene la vista puesta en el dirigible, que se desplaza refulgiendo como una ballena de aluminio; Alemania, por su parte, necesita que la aventura llegue a buen puerto para superar lo efectos nacional-psicológicos de su derrota en la Primera Guerra Mundial. Nada debe fallar’.

Kanikosen, revolución a bordo del pesquero

Kanikosen el pesquero.

Hacía ya bastante que quería escribir sobre este maravilloso libro. Kanikosen, el clásico de la literatura libertaria japonesa escrito por Takiji Kobayashi allá por 1929, narra las calamidades de los cuatrocientos trabajadores que a bordo del Hakko Maru, tratan de ganar unos míseros yenes que les permitan, si no vivir, sobrevivir. Sin embargo, este objetivo, sobrevivir, se convertirá en algo realmente difícil de alcanzar precisamente allí, en el barco, donde el patrón, la inmundicia o las tormentas, los llevarán más allá del límite.

‘Sake, sake, sake. Madres despidiendo a sus hijos de catorce y quince años, que son el blanco de bromas de alto contenido sexual por parte de los pescadores con los que convivirán durante meses. Barcos de vapor, boyas, vendedoras ambulantes, lanchas desplazándose de barco a barco como chinches o piojos. Hollín por todas partes, trozos de pan flotando en el agua. Un nauseabundo aroma a fruta podrida. Más sake. La tripulación del Hakko Maru, un barco conservero de cangrejos que es más una oxidada factoría flotante que una embarcación en condiciones, es una auténtica colección de miserias: jornaleros-pescadores arruinados, exmineros con los pulmones destrozados, campesinos a los que robaron sus tierras, estudiantes asfixiados por las deudas contraídas con el Estado. Nadie parece querer estar allí, pero lo que es seguro, es que nadie dispone de muchas más opciones. «Vamos hacia el infierno», dice alguien. Se equivoca. El infierno sería mejor.

La vida de los más de cuatrocientos trabajadores del Hakko Maru vale menos que una lata de cangrejo de las que procesan a diario. Corren los años veinte y la pesca de este crustáceo es enormemente lucrativa para algunos, que no son precisamente quienes faenan hasta la extenuación en el peligroso y helado mar de Kamchatka. Los yenes van a parar a los bolsillos de directivos bien alimentados, directivos que hacen recuento de sus beneficios en Marunouchi, en el centro mismo de Tokio, mientras los desgraciados que sacan a los cangrejos de las redes van deshaciéndose por dentro y por fuera a causa del beriberi, el frío, los accidentes habituales o las palizas constantes del patrón’.

Puedes leer el artículo en su medio original aquí.

La mente según Oliver Sacks: siete lecciones

Siete lecciones de Oliver Sacks

‘El hombre que confundió a su mujer con un sombrero’ fue solo uno de sus muchos pacientes con historias increíbles. Oliver Sacks supo tratarlos a todos con cariño y empatía, y legarnos lo que aprendió de ellos en sus maravillosos libros. Ahora que ha fallecido, hablo de lo que nos ha enseñado, en Cultur Plaza. Aquí tienes un fragmento del artículo; si quieres leerlo en su hábitat original, puedes hacer clic aquí o en la imagen arriba.

Si en Migraña se adentraba en los desconocidos orígenes de esta dolencia, en Un antropólogo en Marte nos relataba el caso de un pintor que tras un accidente ya no veía el color, o el de un cirujano cuyos constantes tics solo remitían al operar. En Con una sola pierna nos narraba su propia experiencia al dejar de sentir como propia una extremidad; Veo una voz nos ayudó a comprender el mundo de silencio de aquellos nacidos sin el sentido del oído.

Especialmente célebres son sus obras Despertares, la extraordinaria historia de veinte pacientes afectados de encefalitis letárgica que despertaron súbitamente cuarenta años más tarde gracias a una droga administrada por Sacks; o El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, en la que se exponen dos decenas de casos de individuos con graves y extraños trastornos de la percepción, como el que hace que un hombre, efectivamente, experimente la confusión que da título al libro.

La furia de Théroigne de Méricourt

La Furia, de La Felguera.

¿Sabías que para la RAE, ‘femenino’ es sinónimo de ‘débil, endeble’? Pues bien, Théroigne de Méricourt cogería esa definición y al académico de turno y le haría cosas malas con una guillotina. Machete directamente desde la Revolución francesa. Mi nuevo artículo para Cultur Plaza habla sobre el valor de aquellas mujeres que no aceptaron el machismo paternalista de sus compañeros revolucionarios, esas que hoy serían llamadas ‘feminazis’. Otro libro fantástico de La Felguera Editores. A continuación tienes un fragmento del artículo, si te interesa leerlo entero, haz clic aquí o en la imagen arriba.

Nuestro idioma, como tantos, está lleno de tumores que todavía no hemos sabido extirpar. Algunos de ellos pasan desapercibidos, juegan con la ambigüedad y se camuflan, se revisten de ingenuidad o de naturalidad. De tradición. Pero otros se muestran sin pudor, casi orgullosos de su visibilidad infecciosa. Sin ir más lejos, a día de hoy, en septiembre de 2015, la búsqueda del significado oficial de un término tan elemental como ‘femenino’ devuelve varias acepciones, siendo la sexta ‘débil, endeble’. Por supuesto, ‘masculino’ significa -entre otras cosas- ‘varonil, enérgico’. Esto, compartiendo realidad con campañas contra la discriminación y el maltrato. Jugando en su contra. Obstaculizando cualquier iniciativa por curar o destruir ese machismo que mata tan a menudo. Porque el machismo no es lo contrario del feminismo como tristemente creen algunos. El machismo es violencia. El feminismo es igualdad. Así que machete al machote, aunque sea académico -y el machete, metafórico-.

Alguno de esos que insisten en mantener lo de ‘débil, endeble’ debería viajar al pasado, en concreto, a la Revolución francesa en que se encuadra la vida de la revolucionaria Théroigne de Méricourt, y decirle a la cara a esta mujer -en la que supuestamente se inspiró Delacroix para su Libertad guiando al pueblo-, con tono paternalista, que tenga cuidado con la pica, no vaya a hacerse daño. Suerte tendrá si conserva la cabeza pegada al cuerpo al terminar con la condescendencia.

Eso a lo que llamamos amistad (Nosotros no nos mataremos con pistolas)

Nosotros no nos mataremos con pistolas

¿A cuántos y cuántas has considerado amigos y amigas a lo largo de tu vida? ¿Quiénes son tus amigos ahora? ¿Dónde están en este mismo instante? ¿Están contigo? ¿Están en sus casas? ¿Cada cuánto os veis? ¿Sabes de ellos lo mismo que has sabido de otros a lo largo de tu vida? ¿Y ellos de ti, qué saben? ¿Con cuántos de tus amigos o amigas te has acostado? ¿A cuántos has amado? Tus amigos. Cómo se llaman.

No sé si será culpa de una edad en concreto, no sé siquiera si será culpa. La amistad era tan sencilla antes. En la adolescencia el sentimiento siempre vive una época dorada. La amistad muta en algo muy intenso, tus amigos… Puedes enfrentarte a quien haga falta por ellos. Con ellos. Porque no eres racional. Eres una bestia de la pasión efervescente y acabas de formar una nueva familia para escapar o complementar la que te vino impuesta. Yo recuerdo el olor de mis amigos de la adolescencia y post-adolescencia -en concreto de quienes constituyeron mi grupo principal en aquella gran época-. Recuerdo un sinfín de detalles de ellos, físicos y mentales. Miles de historias tan vívidas que podría hablar de realidad aumentada cuando las evoco. Guardo con cariño los enfados y las celebraciones, los viajes y las horas muertas en un parque al sol. Ellos fueron todo. Y ahora no podría asegurar siquiera en qué ciudad andan viviendo.

Es la vida, no hay culpa. Todos acabamos mudándonos. El siglo pasado ya demostró que la familia no es una institución permanente. Así que de vez en cuando, por diferencias, distancias o por nuevas personas que aparecen y traen su entorno propio bajo el brazo, hacemos las maletas. Qué queréis que os diga. Nada que no sepamos. Quien más y quien menos se ha ido, ha vuelto o ha llegado. No muy lejos de acabar la carrera fui nuevo de nuevo. Me hice un hueco en otra pequeña sociedad. Gente increíble. A todos los conocí pasando yo holgadamente la veintena, y era de los pequeños de la banda, por lo que se puede decir que éramos adultos. Adultos. Un grupo de adultos. A diferencia de mi falta de experiencia en ellos, muchos se conocían desde pequeños. Habían asumido unos roles, tenían un pasado común, unas inercias a nivel relacional. Pero la integración fue fácil. Llegó un día incluso en que me di cuenta de que ya formaba parte de un pasado común más actual; ciertas historias y anécdotas hablaban también de mí. Y volví a irme, más o menos. No del todo.

No me he separado del todo. La familia creció, sufrió bajas, se dilató, se comprimió, se atomizó. Se recompuso. Ahora tenemos un grupo de Whatsapp. No está mal. No hemos dejado de vernos, aunque lo hacemos con menos frecuencia. Formamos una estructura donde nos atamos unos a otros mediante distintos nodos. Mi conexión con ellos nunca se ha basado en la tradición. Lo cual no sé todavía qué implica. Creo que es bueno que se den estas relaciones racionales. Todo puede ser igual de bonito, pero a la vez es menos dramático.

Y otra vez un salto. Ahora estoy todavía en fase de expansión en este último y reciente territorio. De momento todo es fantástico, ya llevo más de un año instalado. Dentro de nada tengo otro pasado que recordar. Os iré contando. Porque la realidad es que todo esto es una introducción, una reflexión o una conclusión anticipada derivada de todo aquello que quería decir sobre mi experiencia asistiendo a una representación de Nosotros no nos mataremos con pistolas, una obra con tanto poder para provocar la exaltación de la amistad como una noche inolvidable de excesos alcohólicos y químicos.

Nosotros no nos mataremos con pistolas

Antes de nada, os recomiendo que vayáis a verla esta misma semana. Están en el Teatro Talía, en la calle Cavallers, en el barrio del Carmen (Valencia). Hoy jueves, y mañana viernes, hay pase a las ocho y media. El sábado y el domingo hay dos, a las seis y media y a las nueve. La entrada vale de doce a quince euros. Os aseguro que no os arrepentiréis de pagarla. Si queréis más información, podéis encontrarla aquí.

La sinopsis podría ser algo como: un grupo de amigos nacidos en los ochenta se reúne tras cinco años de dispersión en los que las relaciones han cambiado bastante respecto a lo que fueron en su época dorada, cuando aún se veían de continuo. Todos son millennials, miembros de la Generación Y, esa gente que vivimos de pequeños mejor que nuestros padres, y ahora puede que peor que ellos a nuestra edad. No sé si Román Méndez de Hevia, Laura Romero, Lara Salvador, Bruno Tamarit y Silvia Valero, los fantásticos actores de NNNMCP pertenecientes a la compañía Tabula Rasa casi en su totalidad, serán de mi generación millennial, pero creo que sí. Lo cual le da dimensiones extra al resultado, que es espectacular. Hablando de amistades, el portentoso Bruno Tamarit, que alcanza la gloria protagonizando una de las situaciones más crudas de la obra, es de hecho, supe hace poco, familiar de un gran amigo de toda la vida.

Nosotros no nos mataremos con pistolas

La producción artística y escénica corresponde a Wichita Co -Víctor Sánchez, Teresa Juan y Silvia Valero-, quienes han hecho un trabajo impecable. El texto y la dirección son de Víctor Sánchez. Del texto puedo decir que es inteligente, dramático, cómico, ligero, doloroso en ocasiones. Un texto que a través de sus portavoces -por supuesto, por obra también del talento de los mismos- desencadena una tormenta de sensaciones que nos pone contra el espejo, obligándonos a responder al cuestionario sobre la amistad incluido al principio de este post así como a otras muchas preguntas. ¿Es cierto, así va a ser mi vida, así es mi futuro? ¿Qué hay de todo lo que me prometieron? Por cierto. Se agradece enormemente el que se haya sabido dotar a toda la producción de una imagen tan atractiva. Choco los cinco por ello a Teresa Juan y a Jennifer Merienda. Bravo.

No quiero extenderme más. Lo que quiero es que vayas a verla. Ve a verla. Hoy. Recomiéndala. Haz que el trabajo de este equipo -que conste, no he nombrado a todos, pero son más- sea reconocido por sus propios méritos. Porque no hay que regalarles nada, la obra habla por sí misma. Pero hay que ir a verla. Yo he tardado más de lo que quería. O tal vez el domingo pasado fuese el momento idóneo para hacerlo, tras una mañana de introspección profunda analizando cuestiones de gran trascendencia para mí relacionadas con mis amigos. No tomé decisiones, solo pensé. Pensé hasta estar muy dentro de aquello en lo que pensaba. Luego fui al teatro. Y todavía no he salido.