La mente según Oliver Sacks: siete lecciones

Siete lecciones de Oliver Sacks

‘El hombre que confundió a su mujer con un sombrero’ fue solo uno de sus muchos pacientes con historias increíbles. Oliver Sacks supo tratarlos a todos con cariño y empatía, y legarnos lo que aprendió de ellos en sus maravillosos libros. Ahora que ha fallecido, hablo de lo que nos ha enseñado, en Cultur Plaza. Aquí tienes un fragmento del artículo; si quieres leerlo en su hábitat original, puedes hacer clic aquí o en la imagen arriba.

Si en Migraña se adentraba en los desconocidos orígenes de esta dolencia, en Un antropólogo en Marte nos relataba el caso de un pintor que tras un accidente ya no veía el color, o el de un cirujano cuyos constantes tics solo remitían al operar. En Con una sola pierna nos narraba su propia experiencia al dejar de sentir como propia una extremidad; Veo una voz nos ayudó a comprender el mundo de silencio de aquellos nacidos sin el sentido del oído.

Especialmente célebres son sus obras Despertares, la extraordinaria historia de veinte pacientes afectados de encefalitis letárgica que despertaron súbitamente cuarenta años más tarde gracias a una droga administrada por Sacks; o El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, en la que se exponen dos decenas de casos de individuos con graves y extraños trastornos de la percepción, como el que hace que un hombre, efectivamente, experimente la confusión que da título al libro.

La furia de Théroigne de Méricourt

La Furia, de La Felguera.

¿Sabías que para la RAE, ‘femenino’ es sinónimo de ‘débil, endeble’? Pues bien, Théroigne de Méricourt cogería esa definición y al académico de turno y le haría cosas malas con una guillotina. Machete directamente desde la Revolución francesa. Mi nuevo artículo para Cultur Plaza habla sobre el valor de aquellas mujeres que no aceptaron el machismo paternalista de sus compañeros revolucionarios, esas que hoy serían llamadas ‘feminazis’. Otro libro fantástico de La Felguera Editores. A continuación tienes un fragmento del artículo, si te interesa leerlo entero, haz clic aquí o en la imagen arriba.

Nuestro idioma, como tantos, está lleno de tumores que todavía no hemos sabido extirpar. Algunos de ellos pasan desapercibidos, juegan con la ambigüedad y se camuflan, se revisten de ingenuidad o de naturalidad. De tradición. Pero otros se muestran sin pudor, casi orgullosos de su visibilidad infecciosa. Sin ir más lejos, a día de hoy, en septiembre de 2015, la búsqueda del significado oficial de un término tan elemental como ‘femenino’ devuelve varias acepciones, siendo la sexta ‘débil, endeble’. Por supuesto, ‘masculino’ significa -entre otras cosas- ‘varonil, enérgico’. Esto, compartiendo realidad con campañas contra la discriminación y el maltrato. Jugando en su contra. Obstaculizando cualquier iniciativa por curar o destruir ese machismo que mata tan a menudo. Porque el machismo no es lo contrario del feminismo como tristemente creen algunos. El machismo es violencia. El feminismo es igualdad. Así que machete al machote, aunque sea académico -y el machete, metafórico-.

Alguno de esos que insisten en mantener lo de ‘débil, endeble’ debería viajar al pasado, en concreto, a la Revolución francesa en que se encuadra la vida de la revolucionaria Théroigne de Méricourt, y decirle a la cara a esta mujer -en la que supuestamente se inspiró Delacroix para su Libertad guiando al pueblo-, con tono paternalista, que tenga cuidado con la pica, no vaya a hacerse daño. Suerte tendrá si conserva la cabeza pegada al cuerpo al terminar con la condescendencia.

Eso a lo que llamamos amistad (Nosotros no nos mataremos con pistolas)

Nosotros no nos mataremos con pistolas

¿A cuántos y cuántas has considerado amigos y amigas a lo largo de tu vida? ¿Quiénes son tus amigos ahora? ¿Dónde están en este mismo instante? ¿Están contigo? ¿Están en sus casas? ¿Cada cuánto os veis? ¿Sabes de ellos lo mismo que has sabido de otros a lo largo de tu vida? ¿Y ellos de ti, qué saben? ¿Con cuántos de tus amigos o amigas te has acostado? ¿A cuántos has amado? Tus amigos. Cómo se llaman.

No sé si será culpa de una edad en concreto, no sé siquiera si será culpa. La amistad era tan sencilla antes. En la adolescencia el sentimiento siempre vive una época dorada. La amistad muta en algo muy intenso, tus amigos… Puedes enfrentarte a quien haga falta por ellos. Con ellos. Porque no eres racional. Eres una bestia de la pasión efervescente y acabas de formar una nueva familia para escapar o complementar la que te vino impuesta. Yo recuerdo el olor de mis amigos de la adolescencia y post-adolescencia -en concreto de quienes constituyeron mi grupo principal en aquella gran época-. Recuerdo un sinfín de detalles de ellos, físicos y mentales. Miles de historias tan vívidas que podría hablar de realidad aumentada cuando las evoco. Guardo con cariño los enfados y las celebraciones, los viajes y las horas muertas en un parque al sol. Ellos fueron todo. Y ahora no podría asegurar siquiera en qué ciudad andan viviendo.

Es la vida, no hay culpa. Todos acabamos mudándonos. El siglo pasado ya demostró que la familia no es una institución permanente. Así que de vez en cuando, por diferencias, distancias o por nuevas personas que aparecen y traen su entorno propio bajo el brazo, hacemos las maletas. Qué queréis que os diga. Nada que no sepamos. Quien más y quien menos se ha ido, ha vuelto o ha llegado. No muy lejos de acabar la carrera fui nuevo de nuevo. Me hice un hueco en otra pequeña sociedad. Gente increíble. A todos los conocí pasando yo holgadamente la veintena, y era de los pequeños de la banda, por lo que se puede decir que éramos adultos. Adultos. Un grupo de adultos. A diferencia de mi falta de experiencia en ellos, muchos se conocían desde pequeños. Habían asumido unos roles, tenían un pasado común, unas inercias a nivel relacional. Pero la integración fue fácil. Llegó un día incluso en que me di cuenta de que ya formaba parte de un pasado común más actual; ciertas historias y anécdotas hablaban también de mí. Y volví a irme, más o menos. No del todo.

No me he separado del todo. La familia creció, sufrió bajas, se dilató, se comprimió, se atomizó. Se recompuso. Ahora tenemos un grupo de Whatsapp. No está mal. No hemos dejado de vernos, aunque lo hacemos con menos frecuencia. Formamos una estructura donde nos atamos unos a otros mediante distintos nodos. Mi conexión con ellos nunca se ha basado en la tradición. Lo cual no sé todavía qué implica. Creo que es bueno que se den estas relaciones racionales. Todo puede ser igual de bonito, pero a la vez es menos dramático.

Y otra vez un salto. Ahora estoy todavía en fase de expansión en este último y reciente territorio. De momento todo es fantástico, ya llevo más de un año instalado. Dentro de nada tengo otro pasado que recordar. Os iré contando. Porque la realidad es que todo esto es una introducción, una reflexión o una conclusión anticipada derivada de todo aquello que quería decir sobre mi experiencia asistiendo a una representación de Nosotros no nos mataremos con pistolas, una obra con tanto poder para provocar la exaltación de la amistad como una noche inolvidable de excesos alcohólicos y químicos.

Nosotros no nos mataremos con pistolas

Antes de nada, os recomiendo que vayáis a verla esta misma semana. Están en el Teatro Talía, en la calle Cavallers, en el barrio del Carmen (Valencia). Hoy jueves, y mañana viernes, hay pase a las ocho y media. El sábado y el domingo hay dos, a las seis y media y a las nueve. La entrada vale de doce a quince euros. Os aseguro que no os arrepentiréis de pagarla. Si queréis más información, podéis encontrarla aquí.

La sinopsis podría ser algo como: un grupo de amigos nacidos en los ochenta se reúne tras cinco años de dispersión en los que las relaciones han cambiado bastante respecto a lo que fueron en su época dorada, cuando aún se veían de continuo. Todos son millennials, miembros de la Generación Y, esa gente que vivimos de pequeños mejor que nuestros padres, y ahora puede que peor que ellos a nuestra edad. No sé si Román Méndez de Hevia, Laura Romero, Lara Salvador, Bruno Tamarit y Silvia Valero, los fantásticos actores de NNNMCP pertenecientes a la compañía Tabula Rasa casi en su totalidad, serán de mi generación millennial, pero creo que sí. Lo cual le da dimensiones extra al resultado, que es espectacular. Hablando de amistades, el portentoso Bruno Tamarit, que alcanza la gloria protagonizando una de las situaciones más crudas de la obra, es de hecho, supe hace poco, familiar de un gran amigo de toda la vida.

Nosotros no nos mataremos con pistolas

La producción artística y escénica corresponde a Wichita Co -Víctor Sánchez, Teresa Juan y Silvia Valero-, quienes han hecho un trabajo impecable. El texto y la dirección son de Víctor Sánchez. Del texto puedo decir que es inteligente, dramático, cómico, ligero, doloroso en ocasiones. Un texto que a través de sus portavoces -por supuesto, por obra también del talento de los mismos- desencadena una tormenta de sensaciones que nos pone contra el espejo, obligándonos a responder al cuestionario sobre la amistad incluido al principio de este post así como a otras muchas preguntas. ¿Es cierto, así va a ser mi vida, así es mi futuro? ¿Qué hay de todo lo que me prometieron? Por cierto. Se agradece enormemente el que se haya sabido dotar a toda la producción de una imagen tan atractiva. Choco los cinco por ello a Teresa Juan y a Jennifer Merienda. Bravo.

No quiero extenderme más. Lo que quiero es que vayas a verla. Ve a verla. Hoy. Recomiéndala. Haz que el trabajo de este equipo -que conste, no he nombrado a todos, pero son más- sea reconocido por sus propios méritos. Porque no hay que regalarles nada, la obra habla por sí misma. Pero hay que ir a verla. Yo he tardado más de lo que quería. O tal vez el domingo pasado fuese el momento idóneo para hacerlo, tras una mañana de introspección profunda analizando cuestiones de gran trascendencia para mí relacionadas con mis amigos. No tomé decisiones, solo pensé. Pensé hasta estar muy dentro de aquello en lo que pensaba. Luego fui al teatro. Y todavía no he salido.

Si te gustó Dismaland, te encantará Le ParK

Le Park , de Bruce Bégout

Le ParK, de Bruce Bégout, es uno de los mejores libros que me he leído en mi vida. No quiero andarme con rodeos. De hecho, deberías correr a tu librería más cercana y comprarlo o encargarlo. Os dejo un fragmento del artículo que escrito para Cultur Plaza -y que felizmente he visto en portada esta mañana-, a ver si con esto os seduzco para que le deis una oportunidad a esta maravilla.

Cuando uno llega a Le ParK, lo primero que llama su atención es que no hay fronteras artificiales que delimiten el parque. Le ParK no parece un parque, y sin embargo, es el parque absoluto; uno en el que en un solo espacio, se reúnen todas las formas que podría adquirir un parque. Situado en una isla privada cercana a Borneo y con el tamaño de una megalópolis, su creación responde a los deseos de un millonario ruso de nombre Kalt y a la ambición científica de un misterioso arquitecto moldavo que apenas se deja ver, conocido como Licht. Este inmenso recinto es la evolución de otros parques que ya han procurado a sus visitantes pasatiempos de lo más novedoso; desde aquel destinado a emular el trabajo fabril en los suburbios del norte de Moscú, hasta ese otro en el que el visitante puede sentirse residente de un gueto por unas horas.

Sin embargo, pese a existir cierto parentesco con ellos, la propuesta de Le ParK va mucho más allá. Tanto, que podría decirse que ha escapado a los límites del entretenimiento. Porque en Le ParK, restringido a un centenar de visitantes pudientes por día, de lo que se trata es de exponer la naturaleza humana que habitualmente se reprime, y hacer de este reverso poco bronceado y húmedo, un entorno por el que poder pasearse sin reparos.

Dicho todo esto, la duda persiste. ¿Qué es Le ParK? ¿Por qué se dice de él que es «sorprendente, horrible, indignante, maravilloso, capitalista, totalitario, impío, desquiciante, ciclópeo, innoble, americano, utópico, delirante, místico, asqueroso, elocuente, ultramoderno, inquietante, impresionante, vulgar, nihilista, estúpido, mágico, profético, extraordinario, abyecto, actual»? Hemos dicho que en Le ParK se manifiestan todos los tipos de parque que podamos imaginar, lo que no hemos dicho es que lo hacen de un modo no compartimentado y carente de limitaciones de cualquier tipo.

Repasemos sus atracciones. El Cabaret de las Utopías Perdidas, por ejemplo, permite vivir virtualmente la ejecución de un atentado o el desarrollo de una revolución en un país pobre bajo el yugo de un dictador. Crear células clandestinas, redactar panfletos, confeccionar bombas; todo para que la inmersión del visitante sea total. En Reptilarium Inc., por otra parte, el terrario tropical se fusiona con las oficinas de una modernísima startup tecnológica.

Haz clic en la imagen o aquí para leer el artículo entero en Cultur Plaza.

Providence en Córdoba -Argentina-, en la feria fanzinera Ctrl P

fanzines Ctrl P

Me siento realmente afortunado de haber sido invitado a participar en Ctrl P, la semana intergaláctica del fanzine organizada en Córdoba -Argentina- por el colectivo de autopublicadores Fanzine Time. Da gusto ver cómo la publicación no solo no se apaga sino que sigue circulando y dándose a conocer a lo largo y ancho del planeta, y da gusto sobre todo poder participar con él en eventos como Ctrl P, que comparte y se encarga de difundir y dar visibilidad al mismo espíritu con el que fue creado Providence.

¡Espero que el envío no falle y todo salga según lo previsto!

Sexo a tu mente stories #4: la locura continúa

Sexo a tu mente stories by Edu Reptil.

Sigo con este juego demencial llamado Sexo a tu mente stories en el que mis contactos de Facebook me aportan una palabra/concepto/idea/desvarío, y con ella, yo elaboro una historia. Vamos por la cuarta entrega y mañana o pasado abriré nueva convocatoria. Lo estoy pasando francamente bien con esto, pese al estrés que supone incluir cuarenta aportaciones que en raras ocasiones parecen poder casar dentro de un mismo relato. Porque, ¿qué tienen en común ‘cachopo’, ‘buganvilla’, ‘uebos’, ‘retruécano’, ‘púlsares’, ‘mequetrefe’ o ‘zurcefrenillos’? Poco, aparentemente. Pero se pueden hacer cosas. De veras. Me preguntaron si quería peyote para escribir esta entrega. No ha hecho falta, aquí está la nueva infamia literaria. Mind fuck.