Triple seco, nueva historia y minifanzine

Fanzine Edu Reptil

¿Somos capaces de contar cuántas vejaciones sufre una mujer al día en una ciudad de nuestro sobrevalorado primer mundo?

‘El conductor es especialmente maleducado con las mujeres al volante. El anciano que hay sentado a su derecha no quita ojo de encima a la adolescente del asiento enfrentado al suyo. En el semáforo, un conductor pita a una joven que cruza. Dos tipos en la acera se giran hasta casi partirse el cuello al pasar junto a ellos un grupo de amigas. Todos los hombres de una mesa en una terraza miran fijamente a una corredora, ríen y hablan acerca de lo que le harían lo suficientemente alto como para que lo oiga ella -incluso con auriculares- y también el resto de transeúntes. Una chica que circula en una bicicleta del servicio público es agasajada a lo largo de todo su trayecto con decenas de silbidos, bromas, comentarios y opiniones que no ha pedido sobre su cuerpo’.

Un narrador anónimo observa este tipo de insufribles acontecimientos cotidianos. Pero no solo observa. Va más allá.

Toda su historia, en Triple seco, que puedes descargar o leer online a continuación. Por cierto, la imagen que aparece en la portada -y que no podía ir mejor al fanzine- es un fragmento de un cuadro del gran Alberto Beltrán.

Leer en pdf aquí mismo (también puedes descargarlo desde este enlace).

Comprar en Amazon (y colaborar para que pueda seguir escribiendo).

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‘Nada que esperar’ cuando las cosas no van bien. Por Tom Kromer

Nada que esperar, Tom Kromer

Cuando el hambre es acuciante, cuando la desesperación es un efluvio tóxico que sale de tus poros como sudor, cuando no hay techos seguros ni paredes, cuando el vecino tiene eso que tú querrías para poder taparte, cuando piensas en poseer una pistola o al menos una barra de hierro para acabar contigo o con el otro, cuando todo esto pasa, no hay nada que puedas esperar salvo acaso un momento de felicidad efímero y poco común.

Nada que esperar‘, de Tom Kromer y editado por Sajalín Editores, es una brutal crónica de la miseria inesperada, un libro duro que debería ser lectura obligatoria en los colegios, dado que aunque fue escrito en 1935 en mitad de la Gran Depresión, podría haber sido escrito ahora, en 2015. De este título hablo en mi nuevo artículo para Cultur Plaza. Aquí tenéis un fragmento, y al final o clicando en la imagen, el enlace al artículo en su hábitat original.

Antes de la gran crisis el país funcionaba como debía funcionar, o si no lo hacía y su interior ya era un entorno tumefacto y con pocas posibilidades de mejorar, nadie parecía ser consciente de ello. La prosperidad estaba a la vuelta de la esquina, muchas esperanzas habían sido invertidas y también mucho dinero, que se quemaba en las locomotoras de la economía nacional. ¡Es la guerra! ¡Traed madera! Los billetes entraban en el horno a paladas de los sudorosos maquinistas y salían por la chimenea convertidos en humo, solo humo, partículas en suspensión que se elevaban en el aire y desaparecían sin más. Partículas insignificantes. Recuerdos volátiles. Los años locos se esfumaban como una ilusión ingenua: ¿de veras iba a salvarnos la venta a plazos?

Tras esto el panorama que queda es desolador. El abstracto y cambiante mundo de la bolsa ha hecho crack y su crujido se ha cobrado un sinfín de víctimas. Los años veinte y su felicidad de charleston no van a volver. En las calles de la tierra de las oportunidades, los hombres de las fábricas y de las minas se preguntan sentados en el banco de un parque, ¿y ahora qué? Ahora comienza el juego de la supervivencia. Un juego del que nadie conoce bien siquiera las normas.

Léelo completo, aquí.

Taqwacores de Michael Muhammad Knight

Taqwacores, de Michael Muhammad Knight

Rabeya viste un burka adornado con parches de bandas. Ayyub El Magnífico es un toxicómano que lleva tatuado Karbala en el pecho, un homenaje a la batalla en la que perdió la vida el nieto del Profeta. Jehangir Tabari es el ángel salvaje con cresta que seduce y enseña, que fornica y bebe hasta perder el sentido. Umar es su alter ego formal, straightedge y musulmán recto, un maestro guerrero permanentemente enfadado. Dawud El Rude está abandonando poco a poco su identidad sudanesa para transformarse en caribeño. El indonesio Fasiq Abasa no encuentra mayor placer espiritual que el que aporta subir al tejado a fumar cannabis mientras se contempla la creación junto a un Corán. Por su parte, Yusef Ali, sin ningún atributo que destaque entre tanta paradoja, se define de la siguiente manera: “Hola, soy Yusef. Suní, de origen paquistaní, estudiante de ingeniería, de buena familia”. 

Así empieza mi nuevo artículo para Cultur Plaza, así empiezo a escribir sobre THE TAQWACORES (Ginger Ape Books&Films), de Michael Muhammad Knight. Creo que es uno de los artículos de los que más orgulloso estoy en mucho tiempo. El libro me ha encantado, y además, he aprendido una barbaridad con él. ¿Qué tipo de dilemas pueden presentársele a un joven musulmán que quiere seguir su fe pero analizándola de un modo crítico desde su visión personal? Un sinfín de ellos, te lo aseguro.

‘Deberíamos ir alguna vez al oeste, Yusef Ali. Conseguir una furgoneta, formar algo así como una jamaat interestatal. […] Y por el camino iríamos recogiendo a todos los ulemas maricones, imanes borrachos, ayatolás punk, muftíes masoquistas, shaykhs yonquis, mulás retrasados y todos los vulgares maulanas con los que nos topásemos; los subiríamos a la furgoneta hasta que ya no cupiese nadie y la gente estuviese colgando de las ventanillas, ¡como en la jodida Rawalpindi! Mierda, amigo, nos bajaríamos por la I-90. Y terminaríamos en Khalifornia’ [Extracto del libro].

Puedes leer el artículo en Cultur Plaza siguiendo este enlace.

Juro que ya paro de escribir sobre Paco Inclán, autor de Tantas mentiras

Paco Inclán, Tantas mentiras

 

Lo juro porque ya he dicho mucho acerca de este libro, pero la realidad es que no me canso. Esta vez, he entrevistado a Paco Inclán para el Hype. Puedes leer el artículo entero aquí o haciendo clic en la imagen. Para abrir boca, los dos primeros párrafos:

El mundo está repleto de gente, de eso no cabe duda. De hecho, el capital humano del que dispone el planeta es tal que podrían meternos a varios cientos de millones de nosotros en potentes naves con el objetivo de descubrir otros lugares donde asentarnos, muy lejos de aquí. Nuestro hogar original, esta bella roca azul, no se resentiría lo más mínimo. De hecho, es probable que las cosas fuesen mejor. Tanta gente que hay en La Tierra, tantas historias. ¿Dónde poner el foco? Es realmente difícil hacerse con una buena. Paco Inclán -Valencia, 1975, editor de la revista de arte y pensamiento Bostezo-, sin embargo, tiene un talento especial para rastrear y encontrar esos relatos que manan de personajes auténticos, auténticamente extravagantes o anodinamente bellos. ¿Quiénes son ellos, dónde habitan?

Son personajes que difícilmente tendrán eco mediático; son secundarios, a-protagonistas de la historia. Salgo a rescatarlos, como si fuera una misión que nadie me ha pedido. Y sin embargo resultan atractivos, o al menos a mí me lo resultan y así trato de compartirlos con los lectores: con la excepcionalidad de unas historias que, a primera vista, no parecerían nada extraordinarias. Con tu permiso voy a citar a Walter Benjamin: “Es tarea más ardua honrar la memoria de los seres anónimos que la de las personas célebres. La construcción histórica está consagrada a la memoria de los que no tienen nombre”. Eso. 

El Ejército Negro: el clan de outlaw bikers negros que montaban dragones de metal

El Ejército Negro

Wow. De nuevo, wow. La historia de los Dragones de la Bahía del Este es sencillamente espectacular. La he descubierto en el impresionante libro de Servando Rocha titulado El Ejército Negro: Un bestiario oculto de América (La Felguera Editores, 2015).

Esta obra es una antología, una Biblia sobre el nacimiento y auge del motorista forajido y en especial de un clan compuesto únicamente por negros en el EEUU del racismo y el Ku Klux Klan. Veteranos de la II Guerra Mundial deseosos de emociones suicidas, Ángeles del Infierno, los disturbios salvajes de Hollister, Panteras Negras, choppers, carreteras polvorientas.

Un manual perfecto para adentrarse (y casi convertirse en experto por el concienzudo trabajo de documentación realizado por el autor) en el mundo lleno de grasa y gasolina de aquellos que prefieren circular al margen del establishment.

He escrito sobre el libro en CulturPlaza y puedes leer aquí el artículo. Si te gusta, comparte, ¡te lo agradeceré!

Os dejo un fragmento.

Resulta sorprendente que un fenómeno que tiene mucho que ver con algo tan pegado a la tierra como es el asfalto y el polvo de los caminos menos civilizados, tenga como epicentro Oakland, ciudad conocida en sus orígenes como ‘Tierra de Dios’. Que Oakland haya ido perdiendo ese título se debe sin duda al auge de toda una nueva mitología de ‘American Gods’ que no entienden de mensajes milenarios, un panteón ecléctico y frenético, salvaje y efímero: aquí no hay lugar para dioses con pretensiones de gobernar en soledad, esta es la morada sagrada de panteras, dragones, diablos, caballos metálicos y forajidos de leyenda. Tener miedo no es una opción en la nación del trampero y del buscador de oro. La supervivencia es un premio que obtienen unos pocos y que no todos quieren. Los escuadrones suicidas sobre ruedas prefieren una muerte espectacular tras una farra épica.

Challenger, de Guillem López: ignición

Challenger Guillem López

Últimamente estoy teniendo suerte con la gente a la que entrevisto. Hablar con Guillem López, autor de la sensacional novela Challenger (Aristas Martínez, 2015), ha sido todo un placer. Misterios mundanos, monstruos, literatura, transbordadores, recovecos oscuros de la realidad. He intentado no dejarme nada fuera en este artículo para el Hype, que podéis leer aquí. Además, os dejo el arranque del mismo:

‘Es martes 28 de enero de 1986, un potente chorro de fuego eleva una nave que parte del Centro Espacial Kennedy en Florida dispuesta a cumplir su misión en el espacio. El despegue es seguido con atención a lo largo y ancho del país y también fuera de él, hay muchas esperanzas depositadas en el Challenger. Setenta y tres segundos después, esas esperanzas se han convertido en una nube de vapor que adopta extrañas formas a casi quince quilómetros sobre el Atlántico. No se produce ninguna explosión. El transbordador se ha desintegrado arrojando como una bala la cabina de los astronautas, que acaba precipitándose contra el océano tras haber subido más todavía, alcanzando casi los veinte quilómetros de altura. No hay supervivientes.

Mientras tanto, un niño vive la década de los ochenta en un país en el otro extremo de la masa de agua sobre la que se estrella la nave. Es uno de los recuerdos vívidos de mi infancia. Tenía once años. No sé por qué motivo se me quedó grabada aquella imagen del transbordador desintegrándose en una nube blanca sobre un cielo azul intenso. Tal vez fue un momento de infancia perdida, de sueños rotos, como una representación visual del cénit de aquella década. Su nombre es Guillem López y por entonces no sabe que acabará escribiendo una magnífica historia tejida con muchas historias sobre aquel acontecimiento’.