Cuarto Milenio

Llevo despierto desde las cinco y media de la mañana; necesitaba terminar unos trabajos que se me están acumulando. Cuando he emergido a duras penas de la habitación, el salón estaba sumido en la oscuridad. Me he preparado un café, he encendido una tenue luz blanca y me he dispuesto a comenzar. Pero con un extra: lo he hecho en compañía del inicio de la nueva temporada de Milenio 3, cuya introducción ha sido simplemente genial.

Quienes me conocen saben que me divierto mucho escuchando a Iker Jiménez. Tiene un estilo como periodista que se puede imitar pero no clonar, es una de esas voces de la escuela de Félix Rodríguez de la Fuente, una voz con personalidad propia, con devoción por lo que comunica. Independientemente de que creas o no en los temas que se abordan en sus programas, es inapelable que como locutor-presentador es espectacular. Tiene un talento innato para transmitir la esencia del misterio, pero además, tiene una virtud que siempre me ha gustado: es un apasionado de lo que hace. Y eso se contagia.

Muchos detractores de Iker Jiménez y sus programas sentirán náuseas ante todo esto que estoy diciendo, pero creo que hay que saber tomar distancia y reconocerle al César lo que es del César. Estoy convencido además de que se puede defender el rigor científico en un contexto determinado, y disfrutar de lo paranormal y su halo místico y oscuro en otro distinto. Realidad e incertidumbre, ciencia y ciencia-ficción. Parcelas diferentes con diferentes funciones. Milenio 3 tiene una estética de radio que locuta La guerra de los mundos que me encanta. Todo depende de cómo te enfrentes a sus contenidos. No soy partidario de las oposiciones absolutas ni de las vendettas entre bandos.

He adjuntado al principio los primeros instantes del programa que he escuchado antes del amanecer, con las antenas que abarrotan los tejados desdibujadas en la distancia, con una taza de café hirviendo en la mano, el parqué crujiendo cansado y la algarabía nocturna de los gatos corriendo y peleándose sobre la uralita como escenario. En un momento he recordado por qué me gusta tanto la ciencia-ficción y lo que suponen para mí sus mundos imposibles y sus enigmas cósmicos.

· Programa completo

Publicado por Eduardo Almiñana

Escritor y terrícola.

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5 comentarios

  1. elparquécrujiendocansado…uau. Me encanta. a lo que íbamos. A mí este tipo me gusta. Incluso diría que me gusta creerme muchas de las gilipolleces que cuenta apoyadas en una pseudociencia que le da un peso de realidad inapelable!

  2. Ximo, yo he visto a premios príncipe de asturias de la ciencia como Cirac o como Bermudez de Castro en su programa, ojo. Y decenas y decenas de buenos científicos.
    Que su programa no es lo que dice él, sino sus invitados.

  3. Cierto, en ocasiones cierto, Kastroman. Hay temas con un peso científico inapelable, pero (siempre hay un pero) en otras ocasiones se queda más bien pobre, o irreal o quizá demasiado fantasioso. Saludos

  4. Por eso comentaba que el asunto es cómo te enfrentes a ese material. Para mí es como las novelas de ciencia-ficción de Bruguera.

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