Calç blanca, negro carbón

A la familia de calciners de Llutxent de Toni Canet les decían los Cachanos por el diablo, a los carboneros de Formiche Alto los Zahumaos: yo había ido a la inauguración de la Mostra de València [#LaNostra] a celebrar el Mediterráneo cinematográfico y a conocer un homenaje póstumo y me he encontrado con una conmoción en el palco terciopelo rojo del Principal, no había visto nada de Canet ni sabía por qué decían en la presentación quienes le conocieron que podía «levantar una pared de piedra o escribir un bello poema», tampoco por qué el cine, la tierra y la amistad eran factores canetianos, y entonces se han apagado las luces y Pep Gimeno «Botifarra» -cuya voz telúrica conocí en unas lejanas fallas en Arrancapins- y el gutural y sísmico Miquel Gil cantaban que es mejor construir hornos de cal que «segador d’arrós i que em piquen les cuquimanyes» en su pueblo frente a un templo del fuego en ciernes del que sacarán el mineral blanco de la cal.

Calç blanca, negro carbón: en Formiche Alto Canet rinde culto a los últimos carboneros de los de antes, vaya si saben también hacer fuego en Teruel, saben cantar y materializar volcanes a escala con su escalera hasta la cima, entonces pienso que Werner Herzog es el Toni Canet alemán por eso de los volcanes y el parentesco narrativo, porque como decía su hija era sobre todo un gran contador de historias como esta de los oficios ancestrales, porque la película trata de la construcción de dos hornos y es un retrato de despedida a unos tiempos que se apagan con las últimas hogueras y con las últimas vidas que alimentaron. Qué gozo ver a hombres y mujeres parcos en palabras hablar y reír y entenderse en el lenguaje del trabajo, compartir sus trece años, hay que ver cómo de afines a la tierra y a los árboles son sus cuerpos, qué bien cantan jotas con la cara negra de zahumao, qué finas las aclaraciones ecológicas de Canet y qué catarsis la del final de la película con un aquelarre de flamenco magmático frente al éxtasis del fuego antes de que sus llamas alquímicas y los últimos humos de un presente pasado se desvanezcan del todo.

Publicado por Eduardo Almiñana

Escritor y terrícola.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.