Ya llega ‘La polilla en la casa del humo’, de Guillem López

La polilla en la casa del humo

Amantes de la ciencia ficción y de los buenos libros en general: el jueves de la semana que viene estaré en Librería Bartleby presentando la nueva novela de Guillem López que publica Aristas Martínez, junto a Alberto Torres Blandina y a los editores. Si en ‘Challenger’ el autor nos hacía mirar al cielo, ahora nos empuja a un brutal y despiadado mundo subterráneo. Id apuntando la fecha porque ‘La polilla en la casa del humo’ va a dar que hablar. A continuación un extracto, a ver qué os parece. Bienvenidos al pozo.

“Cuando alcanzas la edad te convierten en algo útil. Hasta ese momento eres una idea, un proyecto. Sobrevives en las grutas, te defiendes de las violaciones y los abusos. Eso te curte, te hace duro por fuera. Pero hay un tiempo, una frontera difusa en la que ya no eres un crío, ni lo suficientemente adulto como para aguantar las amputaciones y los implantes del mecatacto. En ese lapso eres otra cosa: algo que no es carne ni hueso, a pesar de que sangra; que no tiene una verga ni un chocho, pero folla; que mata de una cuchillada en el cuello o muere si le aplastan la cabeza; alguien que no existe, aunque se arrastra oculto en la mugre. Somos eso sin nombre. Más que niños y menos que adultos. Salvajes. Alimañas de los túneles que roban los huevos de las serpientes. Somos todo lo que ellos no se atreven a mostrar en público. Somos su miedo. Aquello que prefieren olvidar: la vergüenza ajena, las excusas de unos padres y unas madres, los pecados del hierro y el fuego. Somos tan jóvenes que no tenemos recuerdos propios y queremos destruirlo todo, pero no sabemos por dónde empezar”.

La polilla en la casa del humo La polilla en la casa del humo

‘Inventario’, proyecto literario colaborativo

Amigos y amigas, estoy escribiendo algo nuevo, una especie de inventario, y necesito vuestra colaboración: ¿Qué objeto que hayáis querido tener y nunca hayáis conseguido recordáis en mayor medida? Ese algo que al final nunca cayó en vuestras manos, o que a día de hoy deseáis pero se os escapa. Por aquí o a través de las redes. ¡Gracias!

(La convocatoria también se encuentra en Facebook y en Google+):

Inventario

El silencio del pantano, novela negra con sello local

El silencio del pantano, Juanjo Braulio.

¿Valencia huele mal, no? Seguro que le has escuchado esto a alguien alguna vez. Bien, pues puede que el pantano sobre el que construimos la ciudad -y que sigue bajo nuestros pies- tenga algo que ver. Sobre ese hedor inherente escribe Juanjo Braulio, sobre el hedor a putrefacción y sobre sus causas, en una original novela negra que se parte en dos historias que discurren en paralelo. El silencio del pantano es una lectura muy, muy recomendable.

‘La legión de las anguilas está allí, esperando a que aparezcan los verdaderos dueños del pantano, la única especie que no necesita abonos, ni labranzas, ni riegos para su sustento y crecimiento: las cañas. […] Altas y duras, pero vacías por dentro y con sus rizomas hundidos entre la podredumbre. Ellas son las verdaderas señoras de la marisma y, por tanto, también de la ciudad. […] Abajo en el fango, el rizoma está intacto y aunque una (o muchas) caña termine partida, nuevos brotes que gritan en verde asoman entre las inmundicias del suelo encharcado donde culebrean las anguilas’.

Puedes leer mi crítica en su hábitat original haciendo clic aquí o en la imagen.

La asombrosa aventura del Graf Zeppelin

Graf Zeppelin

Deutschland über alles! No ha habido máquinas más bellas que los dirigibles. Antes del Hindenburg, surcaban el cielo como brillantes ballenas de aluminio, incluso daban la vuelta al mundo, como se cuenta en esta novela de Macadán Libros de la que hablo en Cultur Plaza. Parece ficción steampunk, pero es todo real. Existieron, aunque ahora cueste imaginarlo. El Graf Zeppelin incluso dio la vuelta al mundo. Adjunto un fragmento del artículo, que puedes leer entero haciendo clic aquí.

‘Alemania parece una nación imposible de hundir del todo; aquellos que ven pasar la gigantesca nave no pueden más que reconocerlo con sus gritos de euforia. Ni siquiera una guerra devastadora y su posterior ruina. El poderío germano flota ahora sobre sus cabezas repleto de hidrógeno, Blaugas y orgullo. El Graf Zeppelin está intentando llevar a cabo el más difícil todavía: pretende dar la vuelta al mundo, realizar la primera circunnavegación aérea con una nave de pasajeros.

Pero no solo eso, además, va a batir otros récords, como ser protagonista de la primera travesía aérea del Pacífico. Hay una expectación enorme. El mundo tiene la vista puesta en el dirigible, que se desplaza refulgiendo como una ballena de aluminio; Alemania, por su parte, necesita que la aventura llegue a buen puerto para superar lo efectos nacional-psicológicos de su derrota en la Primera Guerra Mundial. Nada debe fallar’.

Kanikosen, revolución a bordo del pesquero

Kanikosen el pesquero.

Hacía ya bastante que quería escribir sobre este maravilloso libro. Kanikosen, el clásico de la literatura libertaria japonesa escrito por Takiji Kobayashi allá por 1929, narra las calamidades de los cuatrocientos trabajadores que a bordo del Hakko Maru, tratan de ganar unos míseros yenes que les permitan, si no vivir, sobrevivir. Sin embargo, este objetivo, sobrevivir, se convertirá en algo realmente difícil de alcanzar precisamente allí, en el barco, donde el patrón, la inmundicia o las tormentas, los llevarán más allá del límite.

‘Sake, sake, sake. Madres despidiendo a sus hijos de catorce y quince años, que son el blanco de bromas de alto contenido sexual por parte de los pescadores con los que convivirán durante meses. Barcos de vapor, boyas, vendedoras ambulantes, lanchas desplazándose de barco a barco como chinches o piojos. Hollín por todas partes, trozos de pan flotando en el agua. Un nauseabundo aroma a fruta podrida. Más sake. La tripulación del Hakko Maru, un barco conservero de cangrejos que es más una oxidada factoría flotante que una embarcación en condiciones, es una auténtica colección de miserias: jornaleros-pescadores arruinados, exmineros con los pulmones destrozados, campesinos a los que robaron sus tierras, estudiantes asfixiados por las deudas contraídas con el Estado. Nadie parece querer estar allí, pero lo que es seguro, es que nadie dispone de muchas más opciones. “Vamos hacia el infierno”, dice alguien. Se equivoca. El infierno sería mejor.

La vida de los más de cuatrocientos trabajadores del Hakko Maru vale menos que una lata de cangrejo de las que procesan a diario. Corren los años veinte y la pesca de este crustáceo es enormemente lucrativa para algunos, que no son precisamente quienes faenan hasta la extenuación en el peligroso y helado mar de Kamchatka. Los yenes van a parar a los bolsillos de directivos bien alimentados, directivos que hacen recuento de sus beneficios en Marunouchi, en el centro mismo de Tokio, mientras los desgraciados que sacan a los cangrejos de las redes van deshaciéndose por dentro y por fuera a causa del beriberi, el frío, los accidentes habituales o las palizas constantes del patrón’.

Puedes leer el artículo en su medio original aquí.

La resurrección de los ochenta: Ready Player One

Ready Player One Spielberg

Hacía tiempo que no encontraba una experiencia como esta en la lectura de una novela. Hacía tiempo que no me sentía jugar, en lugar de leer. Imagina lo siguiente. Imagina que el mundo es un lugar en ruinas, y que la mayor parte de los humanos que habitan este desastre global pasan casi todo su tiempo en un paraíso virtual llamado OASIS, la simulación definitiva. Imagina que en este vastísimo universo hay un Easter egg escondido, cuya existencia se revela tras la muerte del mesiánico programador de este cosmos virtual. Ahora imagina que eres un escritor fascinado por la década de los ochenta, y que has decidido trasladarte hasta tu propia historia -no explícitamente- para poder justificar que en ella aparezcan todas las referencias a series, videojuegos, películas y música que más te gustan. Porque en Ready Player One, solo quien sea un auténtico erudito en la década de los ochenta podrá encontrar el Huevo de Pascua escondido por el difunto programador, un tesoro que otorgará a su descubridor un premio inimaginable. ¿Pillado por los pelos? Puede ser, pero funciona.

Adjunto un fragmento de mi artículo sobre el libro para Cultur Plaza. Clicando aquí puedes leerlo entero. Si te gusta, ¡comparte! 😉

Wade Watts detesta el mundo que le ha tocado vivir. Cuando se van a cumplir los primeros cincuenta años del tercer milenio, La Tierra es un lugar hostil y peligroso. En plena crisis energética por la escasez de los combustibles fósiles, padeciendo los rigores del cambio climático, con un sinfín de guerras en marcha y con una pobreza que se ha extendido incluso entre los países antaño ricos, cualquier otra realidad parece un lugar mejor para vivir. En otro momento de la historia, escapar rumbo a otra realidad solo sería posible mediante altas dosis de imaginación o bajo los efectos de sustancias capaces de enajenarnos lo suficiente. Sin embargo, en el 2044, existe otra vía. Una opción en la que de hecho los humanos pasan casi más tiempo que en la realidad tradicional. Esta nueva realidad se llama OASIS (Ontologically Anthropocentric Sensory Immersive Simulation), y en ella, uno puede ser quien quiera. Aunque con ciertas limitaciones.

OASIS es la obra maestra de un genio fascinado por la década de los ochenta, James Halliday, quien a su muerte, anuncia algo de gran relevancia. Dentro de OASIS hay un Easter egg, un huevo de Pascua. Es decir, un contenido oculto dejado por el propio Halliday que otorgará a su descubridor la inmensa fortuna del difunto, incluida su participación mayoritaria en la compañía creadora de OASIS, Gregarious Simulation Systems. Pero para llegar a este tesoro digital oculto en alguna parte del vastísimo universo de la simulación, uno deberá convertirse en un auténtico erudito de los ochenta.

Esta será la única forma en la que podrá resolver y superar los distintos puzzles y pruebas que protegen el premio. A partir de ese momento, no serán pocos quienes se lancen a la búsqueda del huevo. Algunos de ellos, los más entusiastas y comprometidos, serán conocidos como gunters, contracción de egg hunters). Los gunters respetan la última voluntad de Halliday y admiran su legado. Por otra parte, los sixers, el ejército de usuarios a sueldo de IOI (Innovative Online Industries), tratarán de hacer lo mismo, pero con medios menos honorables. Si IOI se hace con el control de GSS, será el fin del acceso gratuito a OASIS. El fin de la única válvula de escape que le queda a la Humanidad.