Star Wars: filosofía rebelde para una galaxia no tan lejana

Star Wars: Filosofía rebelde

¿Crees que lo sabes todo sobre Star Wars? O por el contrario, ¿crees que no sabes nada? En ambos casos saldrás ganando si lees esta fantástica recopilación de ensayos de filosofía rebelde sobre la saga. ¿Por qué los soldados del Imperio son todos humanos, hombres y blancos en una galaxia repleta de razas distintas? ¿Por qué Jar Jar Binks recuerda al cómico negro Stepin Fetchit? ¿Por qué los jedis pasan de ‘defensores de la paz’ solitarios y místicos a soldados de élite de una institución rígida e intransigente que monopoliza la Fuerza? Tengo todas las respuestas en mi artículo para Cultur Plaza sobre este libro de errata naturae, del que adjunto un fragmento y que puedes leer completo, clicando aquí. 

«Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana, un solo individuo podía poner en jaque a un imperio galáctico confiando en su fe en una fuerza invisible que emanaba de todos los individuos vivos. Esta fuerza, la Fuerza, era una energía mística, misteriosa, que confería un enorme poder a aquellos capaces de fundirse con ella desaprendiendo todo lo aprendido y vaciando la mente de prejuicios. Hace todavía más tiempo, sin embargo, esa misma fuerza, la Fuerza, era una entidad con voluntad a la que se accedía a través de los midiclorianos, unas enigmáticas formas de vida que de alguna manera, servían de canal de comunicación. Cuanto mayor número era el número de midiclorianos en sangre de un individuo, mayor su capacidad para comunicarse con la Fuerza. Entonces no bastaba con creer: había que haber nacido para ello. En caso contrario, a otra cosa; hasta nunca, Academia Jedi o Lado Oscuro.

La Fuerza que conocimos primero, la más reciente según la cronología de la saga, era tremendamente democrática; casi cualquier ser vivo podía sentirla si entendía cómo, pese a que siempre existían individuos especialmente sensibles con la facultad de lograr grandes proezas mediante su control. El fenómeno explicable científicamente, el que podía ser medido en un laboratorio que conocimos después, no era más que un azar genético, una mutación, o en el más chirriante de los casos, una herencia. Para colmo, si bien la Fuerza mágica y espiritual se apoyaba en un firme y convencido individualismo rebelde, la Fuerza de probeta exigía seguir unas normas férreas codificadas en los manuales de una institución poco dada a la flexibilidad. Lo que el Consejo Jedi decide, va a misa y punto. Porque la desobediencia lleva al Lado Oscuro. Hereje».

Publicado por Eduardo Almiñana

Escritor y terrícola.

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