Un nuevo día de protestas y una nueva marcha multitudinaria, El País la cifraba en más de diez mil personas, todo un éxito, aunque debería ser mayor. Según lo acostumbrado, una manifestación sin incidentes, desde la Estación del Norte hasta Delegación de Gobierno, para exigir a la delegada Sánchez de León que dimita por las terribles cargas de días anteriores. Tras esto, la marcha se dirigió a Jefatura y después a la sede del PP. Yo volvía andando atajando por el barrio chino para acompañar a un amigo a su casa, cuando me encontré a la gente llegando a la sede de la calle Quart en la Gran Vía. Estuve un rato por allá y me encaminé a casa. La protesta era de nuevo pacífica, tan solo un abuelo que se cruzó con los chavales comenzó a llamar hijosdeputa a todo el mundo, así como un tipo en la veintena, que iba con su novia en el coche, al salir de la marea asomó medio cuerpo por la ventana para gritar hijos de puta, rojos de mierda. Nada fuera de lo común. Sin embargo, se respiraba un ambiente extraño en la concentración. Los antidisturbios de la puerta estaban tranquilos, nadie hacía nada peligroso en realidad, pero justo cuando me iba me crucé con varios furgones que llegaban y aparcaban unos metros más allá de la sede. Por un momento me preocupé al pasar junto a ellos, pero pensé que después de la aberración de las cargas, tendrían órdenes de no intervenir. Con lo que no contaba era con sus actuaciones al margen de la legalidad, cuando dan rienda suelta a sus verdaderos impulsos.

Al llegar a casa, leí en Twitter la trágica noticia; dos chavales y una chica estaban andando volviendo a sus casas, sobre las 22:15, cuando de varios furgones se bajaron unos antidisturbios, propinándoles una paliza para posteriormente desaparecer, ante el asombro de los testigos que los presenciaron, entre ellos Giuseppe Grezzi, de Compromís. A continuación el testimonio del chico, recogido en VilaWeb:

‘Tornàvem de la manifesatció, jo caminava amb una amiga i el seu xicot per l’avinguda Ferran el Catòlic, s’han apropat uns furgons de la policia i han començat a anar lents, han obert les portes, hem vist que els agents anaven armats amb porres i ens hem espantat. Hem començat a córrer, ens han perseguit i ens han placat a tots tres. A mi, m’han m’han llançat primer a terra i després contra la paret; però no d’aquella manera que posen contra la paret algú que registren, sinó que m’hi han llançat. I m’han començat a pegar. Eren sis o set contra mi. M’han pegat als testicles i a la boca, m’han obert el llavi, i a les costelles finalment no tinc res trencat, però em fan molt de mal al respirar. I puntades de peu, moltes puntades de peu. A mes, porto un jersei amb caputxa, i m’han tapat la cara amb la caputxa, no podia respirar, cridava perquè em deixaren anar, estava molt nerviós, cridava que jo no havia fet res, cridava que jo era estudiant. I ara estic molt espantat. Als meus companys els han agredit, però no tant com a mi. No sé per què, potser perquè jo m’he posat molt nerviós. Al meu amic també l’han pegat, i li han robat una sabata i el mòbil. I a ella l’han agafat pels braços i pels canells perquè no es moguera. Només té divuit anys, no sé com es poden atrevir. Després han cridat una ambulància, que em volia portar al Clínic. Però m’hi he negat, després d’haver sentit que la policia hi havia entrat i que agafava els informes mèdics dels ferits que sortien d’aquest hospital. I he anat a un altre hospital. Posarem una denúncia al jutjat de guàrdia, però demà. Perquè ara estic molt espantat i em fa mal tot el cos. Vull arribar a casa i menjar alguna cosa. Però açò no quedarà sense denunciar, i encara que m’hagen pegat, em manifestaré cada dia perquè no hi ha dret.’

Volvíamos de la manifestación, yo caminaba con una amiga y su chico por la avenida Fernando el Católico, se han acercado unos furgones de la policía y han comenzado a ir lentos, han abierto las puertas, hemos visto que los agentes iban armados con porras y nos hemos asustado. Hemos comenzado a correr, nos han perseguido y nos han placado a los tres. A mí me han lanzado primero al suelo y después contra la pared; pero de no de la manera en que ponen contra la pared a alguien que registran, sino que me han lanzado. Y me han empezado a pegar. Eran seis o siete contra mí. Me han pegado en los testículos y en la boca, me han abierto el labio, y en las costillas finalmente no tengo nada roto, pero me hacen mucho daño al respirar. Y patadas, muchas patadas. Además, llevo un jersey con capucha, y me han tapado la cara con la capucha, no podía respirar, gritaba para que me dejasen ir, estaba muy nervioso, gritaba que no había hecho nada, gritaba que era un estudiante.Y ahora estoy muy asustado. A mis compañeros los han agredido, pero no tanto como a mí. No sé por qué, puede ser porque yo me he puesto muy nervioso. A mi amigo también le han pegado, y le han robado la zapatilla y el móvil. Y a ella la han cogido por los brazos y las piernas para que no se moviese. Solo tiene dieciocho años, no sé cómo se pueden atrever. Después he llamado a una ambulancia que me quería llevar al Clínico. Pero me he negado, después de haber oído que la Policía había entrado y que cogía los informes médicos de los heridos que salían de este hospital. Y he ido a otro hospital. Pondremos una denuncia en el juzgado de guardia, pero mañana. Porque ahora estoy muy asustado y me hace daño todo el cuerpo. Quiero llegar a casa y comer algo. Pero esto no quedará sin denunciar, y aunque me hayan pegado, me manifestaré cada día porque no hay derecho.

El testimonio es sobrecogedor. Es decir, unos agentes de la ley, agreden terriblemente a unos jóvenes, sin motivo alguno, sin denuncia, sin toma de datos ni nada, sin número de placa visible, les humillan impunemente ante la impotencia de los testigos, y se marchan. Esta es la verdadera cara de ese cuerpo en el que todavía alguna gente confía. Con esto se demuestra que la legalidad no se aplica a todo el mundo por igual. Ellos pueden emplear la violencia indiscriminadamente sin consecuencias. De la noticia se han hecho eco ara.cat, que fueron los primeros en sacarla, y VilaWeb. ¿Y el resto? ¿Qué pasa con el resto de medios? Todo esto mientras el IES Lluís Vives recibe amenazas de España 2000, en las que se dice que lo que no ha acabado la Policía lo acabarán ellos. Esta es Valencia, y estos son los cuerpos de seguridad del estado, y esta es la sociedad en la que quieren que vivamos, una atenazada por el miedo.

Protestas Valencia

Enlaces:

-Noticia completa en VilaWeb.

-Noticia completa en ara.cat.

Publicado por Eduardo Almiñana

Escritor y terrícola.

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2 comentarios

  1. Lo verdaderamente preocupante es escuchar opiniones de ciertos sectores de la población, entre ellos estudiantes, que solo ven colores y posturas políticas y no abren los ojos ante la gravedad de los hechos, justificando las actuaciones policiales. ¡En qué cabeza cabe…!

    Buen trabajo de difusión, Edu.

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