[Para una mejor experiencia de lectura, poner de fondo la canción cuando aparece en el relato]

Si algo era capaz de acabar con la monotonía de los días y su insoportable carga era el misterio de todo aquello que ocurre a espaldas de la cotidianidad. Cruzaba las calles haciéndose una con las fachadas ennegrecidas por el humo de los incontables tubos de escape, que escupían su carga letal como armas de exterminio a fuego lento. Cuando caía la noche emergía de su escondite, un piso anodino en un bloque más flanqueando una gigantesca avenida, una de las venas corruptas del gran tumor metálico que era la ciudad. Esa mañana había recibido una invitación privada a una fiesta clandestina que se celebraba en algún lugar. Hacía diez minutos había recibido la confirmación, con la dirección del recinto. El remitente era un cúmulo de letras y números sin sentido.

El pequeño mapa que portaba consigo le llevó a un callejón en ele, muy típico -pensó-, pero allí no había ninguna puerta, ni tapa de alcantarilla que pudiese levantarse. Se encendió un cigarro y esperó a que llegase alguien más. El recodo del pasadizo le otorgaba cierta intimidad frente a las miradas del vecindario, con sus paseadores de perros, patrullas de ociosos y demás fauna habitual. Este tipo de eventos eran bastante frecuentes, había asistido a varios de ellos, generalmente poco publicitados para evitar interferencias de las autoridades locales, muy diligentes a la hora de boicotear todo lo que escapase a su férreo control. Guardaba buenos recuerdos de estas reuniones, le fascinaba la actitud del ser humano cuando se divierte sin ser juzgado; al margen de la desinhibición obvia provocada por las drogas y el alcohol, la música y su efecto místico, la sensación de protección y el anonimato liberaban a las personas, demostrando que no somos tan hostiles como se cree si se nos permite ser felices, aunque sea durante un breve periodo de tiempo.

El cigarro se terminaba de consumir en el suelo, y algunas ratas correteaban aquí y allá inquietas. Cuando ya estaba convencida de haberse equivocado de ubicación, comenzó a sentir una ligera trepidación que se filtraba desde una esquina. Apartó un par de cartones que reposaban en el vértice y descubrió una pequeña grieta, que se ensanchaba conforme se acercaba al suelo. Si aquella era la entrada, era la menos sugerente de las que había conocido. Afortunadamente, con unas cuantas contorsiones pudo atravesar el umbral, no sin antes magullarse varias zonas del cuerpo con los ladrillos rotos que parecían dientes. Recorrió unos cuantos metros hasta llegar a un punto en el que se abría un arco, antesala de unas escaleras que descendían aparentemente bajo uno de los edificios. El suave temblor que había percibido en la calle aumentaba a medida que avanzaba, y pronto se convirtió en la voz que esperaba oír. El último tramo era un pasaje que terminaba en un gran portón de madera, sobre el que brillaba un cartel de neón que prometía un concepto: Deus ex machina.

No necesitó la aprobación de nadie para entrar, simplemente abrió y pasó. Aquella cripta albergaba a unas trescientas personas; el espectáculo era maravilloso, los láseres rasgaban la noche artificial, iluminando fugazmente los rostros extáticos de la gente, que bailaba aquella música que jamás había escuchado. Todos parecían disfrutar de una euforia envidiable. No distinguió ninguna barra, ni baños, ni cabina. La estancia era un rectángulo con una bóveda como cubierta. El ambiente era de otra dimensión. A los pocos segundos se sorprendió a sí misma bailando. Nunca tardaba tan poco en soltarse, pero en aquel lugar se sentía acogida, parte de una gran familia. Alguien se acercó y la besó, no distinguió si un hombre o una mujer, y alguien tiró de ella hacia el centro de la sala; la alternancia de luz/oscuridad magnificaba el efecto de cambio a su alrededor, con cada parpadeo la situación era distinta, pero siempre, de fondo, la banda sonora de la evolución. Todo eran cabezas, caras y cuerpos, sudor; torsos en tensión y ropa abierta; y pelo, y melenas y movimiento. La vida y su movimiento perpetuo. Allí dentro estaba toda la alegría concentrada, arrebatada al exterior, un caldo de cultivo perfecto para el auge de una nueva sociedad. Cabía la posibilidad de que algún difusor estuviese arrojando alguna clase de sustancia a la atmósfera enclaustrada del local; si era así, lo agradecía. Se le había erizado el vello, sentía un cosquilleo por toda la piel, y sonreía, sobre todo sonreía. Abrazó entre saltos a algunos compañeros cercanos, les cogía la cara y se perdía en sus ojos en trance. Había un universo en cada uno de ellos.

Fuese lo que fuese lo que sonaba, era cada vez más intenso. Parecía tomar el control de todos los músculos; te obligaba a sentir el amor en un estadio superior, te forzaba a sentirte realizado, y no había resistencia posible. No existía el cansancio, a pesar del frenesí en que se encontraba inmersa, solo había placer, pero se atrevía a jurar que no era un efecto químico. Era algo distinto, era real. En un instante breve como la desintegración de un átomo, distinguió algo entre la masa. Al principió le pareció una alucinación visual, pero no lograba convencerse de ello. Lo que vio era, aunque le resultase absurdo, una figura humana, pero constituida por la convergencia de varios haces de luz. La música era cada vez más extrema, pero no era cuestión del volumen. La música se estaba apoderando de todo. Perdió de vista aquella cosa momentáneamente, pero la vio reaparecer en varios puntos, como un relámpago efímero e imposible. De pronto, alguien a su lado la cogió de la mano, apretándole con fuerza. Cuando se giró contempló con estupefacción como aquella persona se agitaba totalmente fuera de sí, habría pensado que convulsionaba de no ser porque lo hacía al ritmo de lo que sonaba. Esbozaba una mueca desencajada a mitad camino entre la alegría y la locura. Sus pupilas ocupaban todo el ojo, y relucían con un brillo electrónico y fantasmal. Se zafó de él como pudo para ver que lo mismo le estaba ocurriendo a todos los asistentes. Las articulaciones se luxaban en torsiones increíbles, y siempre ese halo en sus miradas perdidas. Un escalofrío recorrió su espina dorsal y una rigidez absoluta la embargó. Los brazos se estiraron hacia atrás, y su cabeza no podía parar de moverse arriba y abajo. La figura que había visto previamente aparecía y desaparecía cada vez con mayor frecuencia. De repente, un huracán sacudió el centro de la cripta y lanzó despedidos a todos los que se encontraban próximos a él, limpiando con una terrible onda expansiva varios metros desde el epicentro. En medio de aquel caos la presencia se volvió nítida. Un corro de enloquecidos bailarines se disponía en torno a ella a cierta distancia. Todo comenzó a orbitar al rededor de ese vórtice; aquel baile enfermizo era tan rápido que las siluetas se desdibujaban. De pronto, el ser proclamó su único mensaje, con una voz distorsionada y espantosamente neutra: I want to kill everybody in the world. A continuación, un estallido gigantesco pulverizó al entregado público.

[…]

En la sala no queda nada. Únicamente un minúsculo big crunch en el centro que se reduce hasta desaparecer en un último destello.

Scary monsters and nice sprites

Publicado por Eduardo Almiñana

Escritor y terrícola.

Únete a la conversación

4 comentarios

  1. ¡Sí señor! Acabas de escribir el primer texto tecnopunk. La base es ahora, pero lo que se siente es el futuro.

  2. Éste no lo había leído. Me ha llamado la atención el título, pues hará un añito era yo era un ser enganchado a este disco. Así que nada, que me ha gustado bastante, de hecho me encanta leer (y si se consigue, también escribir) sobre todo ese veneno que destila una buena fiesta, música sintética y alienante.
    Joder, qué ganas de que algún día me inviten a una rave tan apañada como la que relatas xD

    Otra cosita que nada tiene que ver, mi ‘Palabras en el yunque’ de segunda edición, creo, se está desencuadernando por iniciativa propia (yo no maltrato libros, I promise), esto sólo a nivel meramente informativo.

    Un saludo!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.